EL RINCÓN LITERARIO / “El corazón de Vicky”, de Araceli Lauret

Viernes, día de lectura en el Rincón Literario. Hoy publicamos el primer capítulo de una novela que engancha desde las primeras líneas. “El corazón de Vicky”, es la primera novela de Araceli Lauret que podrás descargar gratuitamente en http://www.lauretpromociones.com/blog/. En este primer capítulo conocerás a los principales personajes y qué papel juega Vicky.

 

El viento acompañaba con furia el frenético fluir de gentes y coches de la gran ciudad, levantando del suelo las últimas hojas secas del caduco otoño. Aquella mañana fría y ventosa de diciembre el Dr. Oliver y el Dr. Perk caminaban a buen paso por la acera, acababan de desayunar juntos en su cafetería habitual y al salir a la calle habían levantando las solapas de sus abrigos para protegerse del fuerte aire que azotaba sus rostros, mientras charlaban animadamente. Marcus Oliver llevaba en bandolera un ordenador portátil bastante pesado e incómodo, pues cada cuatro pasos detenía su marcha e interrumpía la charla, para subirse el tirante que insistía en resbalar sobre su hombro. Pero no parecía molesto por ello. Al contrario, parecía estar muy satisfecho con aquella carga que, a la postre, no era propia sino que era un ordenador prestado por su acompañante el Dr. Marlon Perk. Era difícil mantener una conversación esquivando a la gente que le venía de frente en plena hora punta. Las calles del centro estaba en ebullición, los semáforos cambiaban al color rojo para interrumpir el fluir del tráfico nervioso, mientras los transeúntes se precipitaban a ritmo acelerado sobre el paso de cebra como un río de gente. Pero ellos aprovechaban el recorrido diario para cambiar impresiones antes de enfrascarse en sus respectivas labores en su centro de trabajo.

 

El portátil pesaba bastante, pero a Oliver nada podía molestarle esa mañana pues estaba pletórico de satisfacción. Tras varios meses de duro esfuerzo haciendo horas extras, había concluido por fin su propio proyecto y a buen seguro le supondría cambiar de puesto dentro del laboratorio Montechoro, lo que deseaba ardientemente. Llevaba apenas un año contratado, y desde su llegada no había parado de trabajar duro para hacer méritos. Allí había conocido a Marlon Perk, el eminente genetista que caminaba a su lado, un brillante científico con muchos años de pescante y una solida reputación en el campo de la selección genética patógena. Marcus Oliver le admiraba profundamente y no podía evitar el sentirse halagado cada vez que Perk le presentaba a los demás como una joven promesa. Le gustaba pensar que, de vivir aún, sus padres se sentirían orgullosos. De origen humilde, Oliver sabía del sacrificio importante que habían hecho ambos para que pudiera estudiar en la capital, y nunca se perdonó no haberles podido devolver el favor en vida. Hoy se sentía feliz por ellos. El Dr. Perk era algunos años mayor que Oliver, y le había cogido el aprecio suficiente para ser su mentor ante la junta directiva del magnífico laboratorio de genética avanzada Montechoro, uno de los mas importantes de Europa y desde luego el lugar ideal para el científico que deseara dedicarse a la investigación. Oliver había soñado con ello desde que dejó la universidad años atrás. Después de varios intentos fallidos y trabajos menores en todo tipo de laboratorios, que a veces quedaban lejos de su especialidad, por fin había conseguido que le aceptaran el departamento de estadística genética del Montechoro. En poco tiempo había destacado lo suficiente para que le nombraran jefe del departamento. En este puesto, Oliver se sentía cercano a la plenitud de su carrera y solo rondaba la treintena, hecho este que no pasó desapercibido para uno de los grandes cerebros del Montechoro, el Dr. Marlon Perk. En varias ocasiones le invitaba a su despacho para contarle pequeños secretos de la profesión, aconsejándole en sus empeños con valiosas advertencias y finalmente, le había animado a presentar nuevos proyectos y desarrollarlos en su departamento, pues la junta directiva del Montechoro valoraba las ideas nuevas y promocionaba a sus precursores. A pesar del escaso tiempo que llevaba en el instituto, y con la ayuda de Marlon Perk, Oliver se sentía ya parte de la gran familia de científicos y doctores del prestigioso Instituto Montechoro y deseaba, a toda costa, poder estar a la altura.

 

Ahora que has terminado ese proyecto tuyo de genética barata sobre herencia en las especies…¿te dedicaras un poquito a escuchar los sabios consejos de los que tenemos mas experiencia, o vas a seguir haciendo el tonto en ese departamentucho de estadísticas donde solo hacéis cuentas?.

 

Increpaba riendo Marlon Perk a Oliver con ironía. Los dos sabían que ese informe supondría un cambio importante en la carrera de Oliver, pero éste le siguió la broma.

 

¡Cuentas! —exclamó Marcos fingiendo sentirse ofendido.

 

Lo mío, estimado doctor, es es el refinado estudio de la matemática genética y no el burdo campo de las vísceras y la elección del sexo de los bebés.—dijo bromeando. — Burdo, pero rentable.—replicó el Dr. Marlon Perk sonriendo con satisfacción.— En los últimos años los grandes avances en el conocimiento de la herencia genética han hecho surgir clínicas de fertilidad por todas las esquinas, como bien sabes. Podrías ganar mucho mas dinero si te cambiaras de especialidad. Nuestro laboratorio obtiene de ello grandes beneficios. Tu acabas de empezar, pero yo llevo muchos años trabajando en el mundo de la genética, desde que era un campo casi desconocido. Perk se quedó pensativo, y su mirada parecía volar lejos y trasladarse muy atrás en el tiempo.

 

Si, se te ve que ya tienes edad para contar batallitas —rió Oliver.

 

Aprende, pequeño genetista, que no soy eterno. Y por cierto ya puedes cuidar bien de ENMA, no se como me has convencido para que te lo preste.—replicó Marlon Perk refiriéndose a su ordenador portátil, una potente máquina especializada en aplicaciones necesarias para la presentación del proyecto de Oliver, y que Marlon Perk cuidaba como si fuera de oro.

 

Un semáforo en rojo había detenido sus pasos, y una fuerte ráfaga de aire les sacudió de frente haciendo que se retorcieran cerrando los ojos. De repente se escuchó un frenazo de neumáticos sobre el asfalto. Todo el mundo se detuvo en seco alrededor y Oliver buscó el origen del ruido con la mirada. Sorprendido y perplejo vio frente a sí un coche que había quedado atravesado en medio de la calle, un automóvil de color oscuro, con los cristales tintados. De pronto una ventanilla empezó a bajar y dejó asomar el cañón de un arma, que apuntaba hacia ellos. Sonaron cuatro disparos. La calle se llenó de gritos y de gente corriendo buscando cobijo, mientras los coches, a frenazos, se habían atravesado en el asfalto de manera caótica y reinaba el desconcierto por doquier. Marcus Oliver instintivamente se tiró al suelo. Alzó la cabeza buscando con la mirada a Marlon, y le encontró, detrás de él. Estaba tendido en el suelo boca arriba, inmóvil, desamparado, y en su rostro había un terrible gesto de dolor. Tenía una mano sobre el pecho y su abrigo gris perla estaba manchado de sangre. Marcus se acercó arrastrándose hasta donde yacía el Dr. Perk. En ese momento, el coche de donde habían partido los disparos pasó rápidamente por su lado.

 

Alzó la vista en un gesto nervioso buscando ver algo en el interior, pero antes de que se diera cuenta de nada el coche aceleró y desapareció doblando un cruce. Entonces se volvió de nuevo hacia Marlon y vio que sangraba cada vez mas. Pidió a gritos que alguien llamara a una ambulancia, el Dr. Marlon Perk permanecía allí tendido con el rostro lívido, dolorido. Oliver se arrimó más a Perk y le cogió de la mano. Perk quería hablar pero respiraba con dificultad y apenas se movían sus labios que estaban temblorosos y amoratados.

 

Dios mío, estás sangrando mucho... ¡UNA AMBULANCIA, PIDAN UNA AMBULANCIA! —gritaba Marcos nervioso a la gente de alrededor.

 

Se quitó su abrigo pensando en ponérselo bajo la nuca a modo de almohada.

 

Tengo frío… —dijo Perk. Oliver se dio cuenta de que estaba temblando e intentó abrazarlo. Le cubrió como pudo con el abrigo y tiró de su cuerpo hasta apoyarlo en su regazo, hablándole sin cesar, dándole aliento para que permaneciera despierto. Pero a su alrededor crecía un charco inmenso de sangre. Algunos curiosos y otros por ayudar hicieron corro alrededor de los dos hombres. Oliver empezó a temer por la vida de Marlon, los minutos pasaban y seguían allí tirados. Con una mano temblorosa, abrió un poco la ropa del doctor y vio sangre por todo el pecho, y alguien de alrededor comentó que la ambulancia no llegaría a tiempo. — No intentes hablar y resiste, enseguida te llevaremos al hospital.—la voz de Oliver se quebraba al pronunciar estas palabras a pesar de que había intentado que sonara firme, pero estaba muy nervioso. Sentía rabia e impotencia, sentado en el suelo con Perk en su regazo, sin saber que más se podía hacer que esperar a que llegara el auxilio. Entonces Marlon le miró a los ojos, levantó su mano y agarrándose con todas sus fuerzas al abrigo de Marcos se incorporó levemente y le hizo una petición.

 

¡BUSCA… BUSCA A VICKY!. —y después cerró sus ojos y exhaló. La gente alrededor todavía corría y gritaba presa del pánico. Oliver apenas podía sostener el cuerpo sin vida de Marlon Perk. No quería moverse, ni pensar, pero todo era irreal, increíble. Comenzó a darle golpes en el pecho para reanimarle, le gritó y le hizo el boca a boca. Intentaba recuperar en vano el corazón sin vida de su querido amigo y mentor. Todo era inútil. El cuerpo sin vida de Perk se quedó en sus brazos hasta que llegó la ambulancia y uno de los sanitarios le convenció con mucho esfuerzo para que le soltara. Ya no había nada que hacer.

 

Oliver tardó largo rato en reaccionar. Los servicios sanitarios ya estaban encerrando el cuerpo en una gran bolsa de plástico con cremallera, pero él seguía sentado en el suelo sobre el charco de sangre, mudo, aletargado, como sin alma. A su alrededor habían sonado las sirenas de dos coches de policía a su llegada al lugar. Un agente estaba a su lado agachado, hablándole desde hacía minutos, sin conseguir que Oliver le prestara atención. Mas tarde otros dos agentes le ayudaron a levantarse y consiguieron que les dijera su nombre y el del doctor Perk, mientras otros policías alrededor hacían preguntas y recogían los testimonios de los presentes sobre lo que había sucedido. Oliver respondió a la policía preso de un gran nerviosismo, mostrando la indefensión de un niño al que le han quitado lo que mas aprecia. Al verle en ese estado le suministraron un tranquilizante casi a traición, pues Oliver se negaba a tomar nada. Un sicólogo de la policía le explicó que ni el mismo se daba cuenta de que estaba tartamudeando y era difícil comprender lo que decía. Repetía con insistencia que no lo entendía, que cómo era posible,... Los dos estaban hablando, y riendo, cuando de repente, en un instante, su amigo Perk estaba muerto en sus brazos.

 

Mas tarde, la policía le llevó a su casa, y aunque le ofrecieron asistencia médica, Oliver insistió en que no quería más que descansar de aquella pesadilla, y horas después, tumbado en la cama, comenzó a sentir que se dormía. Miraba al techo de su habitación y escuchaba sin cesar los disparos como un eco lejano. Una y otra vez se repetía en su memoria la secuencia del atentado. Veía sin cesar la cara de Perk allí tendido después de muerto y seguía sin poder aceptar lo sucedido. Oliver se miró las manos, aún tenía restos de sangre entre los dedos y en su ropa, así que, aunque pareciera un sueño, todo

 

era real. El tranquiliz ante que le habían dado comenzó a ganarle la partida. Cerró los ojos, y pensó que tenía que dormir para aclarar sus ideas. Luego recordó las palabras de Marlon antes de morir y resonaron en su cabeza como un disco rayado, BUSCA A VICKY, BUSCA A VICKY. Pero Oliver no conocía a ninguna Vicky. Dejó su reloj de pulsera sobre la mesilla de noche, junto al retrato de una bella joven de cabellos negros, y mirando la foto dijo en voz alta: Seguramente se tratará de alguna amiga del Dr. Perk, a la que tendré que dar una mala noticia. Decidió que lo haría tan pronto como despertara.

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