TORRES DE LA ALAMEDA / Recuerdos de la Dehesa, una finca que dio trabajo a muchos torresanos

Casa principal de La DehesaLa Dehesa es la finca más grande y conocida de Torres de la Alameda, que en su historia ha pasado por muchas manos pero que tradicionalmente ha dado trabajo a muchos vecinos de Torres y de Pozuelo del Rey. Son muchos los vecinos que tienen recuerdos de su relación con esta finca que en la mayoría de los casos tenía un carácter laboral. Pero con ocasión de la publicación reciente de un libro de poemas en el que se plasman recuerdos de aquella finca nos centramos en los de una niña que era la nieta de uno de los propietarios.

La Dehesa está en la carretera de Torres de la Alameda a Pozuelo, muy cerca de Torres, nada más subir la pronunciada cuesta y desde ahí arriba se dominan todos los campos y pueblos de la zona. Se identifica la entrada desde la carretera por dos enormes tinajas de barro que marcan el camino de entrada.

Gloria García con su libro de poemas sobre La DehesaAquella pequeña, 50 años después, aún tiene vivos sus recuerdos ligados a La Dehesa. Crisanto García Mayoral, su abuelo, compró la finca a Don Isidro, el dueño de toda la vida, a finales de la década de los 50 y la explotó durante casi una década. Al parecer don Isidro atravesó por una delicada situación económica y no le quedó más remedio que vender La Dehesa. Era muy generoso, tenía mucha gente a su servicio y quizá no gestionó bien la explotación.

Una persona mayor de Torres de la Alameda recuerda que cuando los niños hacían la Primera Comunión subían allí y don Isidro les daba 100 pesetas de las de entonces. Llegó a tener un empleado para cada cometido, incluso uno que sólo se encargaba de dar de comer a los cuatro mastines que había en la finca.

Crisanto García Mayoral, vecino de un pueblo de Ávila, y gran emprendedor aprovechó la situación y pudo comprarla barata. La niña protagonista de estos recuerdo se llama Gloria, entonces tenía 6 años y vivía en La Dehesa los largos veranos de aquella época y también algunos fines de semana. Había, y sigue existiendo, una casa principal y otra media docena de edificios mas pequeños donde vivían varias familias que trabajaban allí de forma estable, aunque en época de cosecha acudían muchos temporeros. Les traían en autobuses desde La Mancha, desde Jaén y desde otros puntos de España.

Había trabajo para mucha gente porque había ovejas, caballos, olivares, viñedos y grandes extensiones dedicadas al cereal. Un vecino de Torres de la Alameda recuerda que un año transportó hasta doscientas toneladas de aceitunas a la almazara, pero eso sucedió bastantes años después ya que en aquellos años 60 el aceite y el vino se elaboraban en la propia Dehesa.

La protagonista de estos recuerdos bajaba poco al pueblo, quizá los domingos, para acudir a Misa. Torres de la Alameda ha quedado en su cabeza como un pueblo pequeño, con casas muy blancas y con las calles de tierra por las que de vez en cuando pasaba algún carro. Quizá el de su padre era el único coche que se veía por aquí “un coche negro, estilo años 50”, como dice en uno de sus poemas.

Gloria recuerda con pavor las enormes tormentas de granizo que se organizaban en esa zona y señala sus puños para indicar el tamaño del hielo que caía. Asegura que en la casa principal había hasta diez pararrayos. Muchos vecinos de Torres de la Alameda y de Pozuelo recordarán sus diarias visitas a la finca y de los trabajos que allí realizaban ellos mismos o quizá sus padres. Pero los recuerdos de Gloria son distintos, son los de una niña para quien La Dehesa era un lugar de vacaciones y para quien aquello era un lugar con múltiples posibilidades de diversión. En el jardín, en el gallinero, con los caballos e incluso en el vertedero que había al otro lado de la tapia encontraban lugares de diversión.

Según avanza la conversación, Gloria va describiendo una a una alguna de las estancias de aquella casa y desgranando sus recuerdos que se pueden leer en su libro de poemas:

El comedor

Tresillos, hornacinas,

broncíneos apliques de luz en las paredes,

y un balcón enrejado a ras de un gran jardín

revestía sus vídrios de una pomposa gasa.

Un arco de ladrillo, habilmente esculpido,

servía como puerta

de entrada al comedor desde el salón de té,

y, allí, una mesa intacta, harta de sillería,

esperaba cubrirse de loza y de cristal.

De la lectura de esos versos se puede ver con la imaginación cómo era aquel enorme comedor con una mesa “harta de sillería”. Era una mesa muy larga, dice Gloria, de buena calidad y muy robusta que ya estaba en la casa cuando la compró su abuelo. La mesa la compró don Isidro en 1949 con ocasión de la visita que hizo Franco a esa finca para disfrutar de una jornada de caza. Había muy buena caza en La Dehesa, incluso algún jabalí se llegó a abatir en esa zona, recuerda un experimentado cazador.

Cuentan que, en aquella visita, cuando Franco pasó por la plaza, porque entonces la carretera pasaba por la plaza, vio que a la torre de la iglesia le faltaba el chapitel y llamó al pueblo Torremocha. Dicen que el cura, don Higinio, le explicó que lo habían destruido durante la guerra y Franco ordenó que se reconstruyera.

La Biblioteca

Los cuadros excrutaban con expresión muy seria.

Las lámparas guiñaban sus escéntricas luces,

y un banco de nogal, tapizado de enea,

invitaba al letargo desde su frialdad

Qué trasiego de libros

se hincaba entre las baldas desde el suelo hasta el techo.

Qué importantes materias escondían sus páginas

sintaxis a sintaxis, mientras daban la cara

a una gran chimenea de piedra de granito

y, a un lar con dos morillos, en donde por inercia

yacían los rescoldos de un tronco semiusado.

El porche

Gloria describe con detalle aquella biblioteca que albergaba miles de volúmenes en varios pisos a los que se accedía por una robusta y elegante escalera de madera. Allí había todo tipo de libros y allí pasaba algunos ratos cuando se desencadenaban aquellas tremendas tormentas que tanto asustaban a Gloria.

El porche

Y desde allí,

desde el umbral más pulcro que imaginara nadie

desde la sensación

a la policromía, pasto de las macetas,

se atrevían los ojos a volcarse en los setos

que al fondo del jardín

se esculpían en hojas.

Relata, no sin tristeza, que aquel porche ya ha desaparecido y muestra una foto en la que se ve a su tio Emiliano en ese recinto en el que pasaban algunas tardes de verano. Y aporta algunos detalles de ese jardín que en un principio fue de estilo francés y el tiempo se encargó de adaptarlo a un estilo más autóctono y salvaje.

El jardín

Rayando en la frontera del fondo del jardín

un estanque, animado con un ángel de musgo

inundaba en reflejos

la sed de un cenador, techado por la hiedra.

Gloria García de niña en La DehesaY muestra una foto de ella misma, con 13 o 14 años, en ese jardín. Aunque la fotografía no lo muestra claramente, bajo el abeto del fondo había una zona acondicionada como pista de baile. Se limpió y se echó algo de cemento con ocasión de la boda de una de las hijas de don Isidro. Allí, bajo la copa de aquel viejo abeto se celebró el tradicional baile. Uno de los edificios de aquella estancia era una pequeña y recogida ermita, que es donde se ofició la mencionada ceremonia.

Unos recuedos entrañables que seguramente no coinciden con los que pueden tener los muchos torresanos que dejaron allí su sudor en tiempos de cosecha o su esfuerzo diario para conseguir un salario con el que mantener a su familia. También son distintos los recuerdos de quienes subían para coger un poco de leña para calentarse o cazar un conejo para dar de comer a la familia; porque en aquella época no había ni para comprar leña. El riesgo era enfrentarse a alguno de los guardeses de la finca “que nunca hacían la vista gorda” y vigilaban en demasía las propiedades de don Isidro. Pero unos y otros recuerdos forman parte de la historia que ninguno quiere olvidar.

Pero si un día, dentro de otro horizonte,

pudiera reencontrarme con La Dehesa,

allá por mi vejez.

Si pudiera retrasar el reloj

en una matemática imposible en mis años,

volvería a recorrer aquel lugar

en el nombre de mi infancia,

si pudiera...

Comentarios   

 
#1 http://Bodaynovia. 21-07-2015 02:53
Resulta que soy nuevo en esto, he descubierto cosas sumamente utiles
que me han ayudado mucho, espero echar una mano a los
demas como me ha ayudado a mi, un excelente trabajo!.
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Los domingos y festivos de diciembre:

Día 1  Torres de la Alameda. Plaza del Sol

Día 6 Valverde

Día 8 Santorcaz

Día 15 Anchuelo

Día 22 Villalbilla

Día 25 Santorcaz

Día 29 Pezuela

Día 1 de enero El Viso

 

Por las noches, a partir de las nueve y media, siempre habrá que acudir a las farmacias con servicio 24 horas en Alcalá de Henares, que son la siguientes:

c/ Tinte número 2

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